4/10/11

SAP. Crónica de una ex madre anunciada...

Aquella noche volví a casa un poco mas tarde de lo normal. Ya había estado allí antes, haciendo la cena y bañando a los niños. Después recogí la cocina, preparé las cosas para el día siguiente y me marché de nuevo para terminar de limpiar el local de mi negocio.

Su padre tenía que acostarlos cuando llegara la hora.

Yo tenía un centro de ocio infantil y esa tarde habíamos celebrado un cumpleaños allí. Tenía que dejarlo limpio por la noche (todavía no ganaba lo suficiente para contratar a alguien que lo hiciese por mi), por que abría de nuevo a las 08:30 h. de la mañana.

Cuando regresé alrededor de las 00:00 h. y me disponía a abrir la puerta de entrada a nuestra vivienda (que accedía directamente al salón), escuché la voz bastante exasperada de mi entonces marido, distorsionando y relatando despectiva y repetitivamente situaciones, acciones y hechos, de mi persona, mis padres y hermanos, a otra persona (hechos incluso acontecidos mucho antes de conocernos, que yo desgraciadamente le había confiado).
No hablaba por teléfono, no había otro adulto allí con él. Se lo contaba a nuestro hijo mayor (sólo tenía 10 añitos).

Yo me quedé inmóvil, paralizada y asustada, y durante al menos 20 minutos fui incapaz de abrir la puerta, pues aquello confirmaba las sospechas que tanto temía desde hacía un tiempo. Estaba comprobando esta vez si y en primera persona con quien se desahogaba de nuestros problemas de pareja (él ya no podría negármelo como había echo en otras ocasiones en las que yo le había increpado por ello, por algún comentario de nuestro hijo).

El niño solo tenía 10 años, y su padre le estaba hablando mal, muy mal, de una de las dos personas que mas quería en el mundo. De uno de los dos pilares mas importantes de su vida.

Me criticaba una y otra vez, de una manera brutal. Relatándole al niño sus frustraciones como marido por “mi culpa“, y mis “fallos” como esposa y madre. Y recalcando que mi “forma de ser”, era también por “la culpa y la forma de ser” de mis padres (sus abuelos maternos), y que mis hermanos (sus tíos) “también habían salido ranas”. Contándole situaciones de adultos que el niño no tenía por que escuchar.

Yo tenía la llave preparada para abrir la puerta, y finalmente me decidí.
Estaban sentados en el sofá, uno al lado del otro. Se sobresaltaron al verme entrar poniéndose de pie. Cerré la puerta y me quedé ahí quieta, no podía andar, miré a aquel hombre pero sin verle. Miraba al vacío. Seguía inmóvil no podía hablar, me sentía ausente. Sabía que aquello era real, pero me costaba asimilar lo que acababa de presenciar. Mi niño, mi pobre niño…

Ese hombre me miró y se quedó pálido, sorprendido por mi quietud, y se acerco a mi intranquilo. Me preguntó si lo había escuchado todo.

Miré a mi hijo, no decía nada, también nos miraba. Y también se quedó quieto. Me acerqué a él y le llevé a su camita. Le di un beso, le pregunté si estaba bien y le di las buenas noches.
Volví al salón, apagué la luz y salí a la terraza, encendí un cigarro y me quedé allí mirando de nuevo a la nada. Intentando salir de aquel sopor que me envolvía como una niebla espesa. Él estaba sentado en el sofá, esperándome. Se levantó y se acerco de nuevo a mi. Me dijo que no fumase (yo no soy fumadora, pero lo hago cuando me encuentro muy mal. No se ni por que...). Y me pidió que le dijese algo, que le insultase, lo que fuera, pero que le hablara. Yo giré mi cabeza, le miré y le dije: Quiero la separación. Apagué el cigarro y me fui a la cama...

....
Atenea,

4 comentarios:

EL COCO INGLÉS dijo...

Leí esta entrada de tu blog ayer. Durante todo el día de hoy he vivido estos momentos, como si aquella noche yo hubiese estado junto a ti, en la puerta, sin poder abrir ni reaccionar, sin dar crédito a que alguien pueda hacer algo tan vil con sus propios hijos. He perdido a mi hija después de luchar durante años por contrarrestar el odio que le ha inculcado su padre. No puedo consolarte porque no puedo ni consolarme a mí misma. Sólo quiero decirte que igual que algunos soldados se ven involucrados en las misiones más difíciles, algunos padres y madres nos vemos sometidos a esta prueba horrible que es la manipulación. Sólo sé que hay que sobrevivir a esto para estar ahí en el futuro, porque algunos vuelven. Un abrazo con mis mejores deseos.

EL COCO INGLÉS dijo...

Yo mantengo este blog que ves aquí con cosas que sólo eran importantes para mi hija y para mí, por si algún día lo ve y se da cuenta de que nada se ha perdido
http://elcocoingles.blogspot.com/

Atenea y Xena dijo...

Hola...
Siento mucho que tú también estés viviendo despierta, esta pesadilla. Efectivamente como refieres, pocas cosas hay que nos podamos decir para consolarnos. Pero bueno... aquí tienes alguien con quien llorar o desahogarte si te apetece. Lo digo de corazón. Y si quieres hablar en privado, puedes escribirme a este e-mail: elsecretodeatenea@hotmail.com

Otro abrazo grande para ti
Atenea,

Anónimo dijo...

Reconozco perfectamente la situación que relatas. Llevo dos años sufriendo la distancia con mi hija gracias al " gran padre " que tiene. Padre que durante mucha parte de nuestra convivencia fué un padre " ausente ". Tras amenazarme con " quitarme lo que más quería " por querer divorciarme, empezó a utilizar a mi hija en contra de mí y en contra de toda mi familia, entorno y amistades. Mi ex se volcó en dar todo a mi hija, sobre todo en lo material, utilizándola para que me odiara. Mi hija de repente tenía el padre que no había tenido. Su amenaza se había cumplido. Me quitaba lo que más quería... Solo espero que algún día nuestros hij@s reaccionen y sepan ver la realidad. Mientras tanto miles de madres y padres sufren el rechazo de sus hij@s porque ningún organo competente es capaz de ver el MALTRATO AL MENOR que realizan progenitores con sed de venganza y sean capaces de penalizar seriamente a estos maltratadores.